Con la actual –y ya muy larga- crisis económica, muchos hogares, autónomos y empresas han tenido que refinanciar sus obligaciones y deudas, especialmente con los bancos, como principales acreedores de nuestra sociedad.
Cuando no se pueden pagar las deudas, hay que negociar con tu acreedor un aplazamiento o incluso una reducción de la deuda (lo que se conoce como una quita).
Sin embargo, en muchos casos, hemos podido observar cómo ha sido peor el remedio que la enfermedad; es decir, la codicia del acreedor (normalmente el banco) y el desconocimiento del deudor han hecho del proceso negociador una simple imposición del banco que, aumentando los intereses a pagar y sobre todo, las garantías comprometidas por el deudor, ha dado al traste no sólo con las expectativas de que la refinanciación fuera la solución a los problemas económicos, sino también con el patrimonio (y muchas veces la salud) del deudor y cuantos familiares y amigos le han avalado.